Diferents

Àngels Ponce

NI KESKA NAIZ

Sóc una nena

nena Zoom

nena

nena Zoom

nena

Fa unes setmanes es va publicar una carta que van enviar els pares d’una nena de 5 anys al col·lectiu de mares i pares de l’Ikastola Andra Mari, d’Amorebieta. 

En aquesta carta, els comunicaven que la seva filla (que fins aquest moment tenia nom de nen), havia decidit de posar-se un nom de nena. I sobretot, els animaven a respectar el camí escollit per la seva filla, recordant els valors que esperen compartits per totes les famílies: respecte, solidaritat, generositat, compromís, honradesa, honestedat, esforç o la llibertat.

M’ha commogut! No tant pel fet que ha generat la carta (que també), sinó per la manera com aquests pares connecten amb la resta de famílies, des de la seva pròpia experiència.

No apel·len a teories sobre la igualtat, ni la inclusió. Tampoc parlen de bullying ni de discriminació. Parlen de com ells acompanyen a la seva filla en el seu camí, com respecten el seu ritme, com l’escolten, com l’únic que volen per ella és que sigui feliç (tot i les dificultats que ells mateixos han anat trobant). I és des d’aquí que poden connectar amb el cor de la resta de mares i pares, des d’aquest desig que tots compartim: volem el millor per als nostres fills.

Just només fa uns dies parlava amb una mare que m’explicava la manera com vol promoure la inclusió dels seus fills amb autisme a l’escola. Justament així, començant per connectar amb la resta de les famílies des del cor, des de les pors o dubtes que puguin tenir quan veuen un infant amb necessitats especials a la mateixa aula que el seu fill/a. I parlar-ne, conèixer-se i donar informació si cal.

Personalment, penso que aquesta és la millor manera: escurçar distàncies per vèncer perjudicis. Reconeixent que totes les mares i pares volem el mateix pels nostres fills. Lluny de les idees preconcebudes, opinions generalitzades i teories que construïm dins del nostre cap.

Tot seguit, la carta de la que us parlo (els noms son ficticis) 

“______ Kaixo gurasoak:

Somos, una madre y un padre que, como todos y todas vosotras, queremos y perseguimos lo mejor para nuestros hijos e hijas, a quienes tratamos de transmitir todo el amor del mundo y de inculcar valores como el respeto, la solidaridad, la generosidad, el compromiso, la honradez, la honestidad, el esfuerzo, la igualdad o la libertad. Valores que creemos compartir con todos vosotros y vosotras. Valores en los que también se reconoce Zornotzako Andra Mari Ikastola.

Os escribimos a vosotros y a vosotras porque nuestra hija, a la que conocéis, es compañera de gela de vuestro hijo o hija. No, no nos hemos confundido: la menor. Nos equivocamos en su día, hace ya cinco años y un mes, cuando pensamos que la menor era un chico, le pusimos de nombre  y le traspasamos la ropa de Gaizka, su hermano, y no la de Amaia, su hermana… ¡Cómo no íbamos a equivocarnos si le asignamos su sexo fijándonos únicamente en sus genitales! Nos confundimos entonces, es cierto, pero en nuestra casa muy pronto caímos en la cuenta de nuestra equivocación. No sabríamos precisaros exactamente cuándo, si al año, al año y medio o a los dos años, pero muy pronto vimos, supimos y comprendimos que nuestro hijo, como le llamábamos entonces (y como le hemos estado llamando hasta hace escasos días), era una niña. Una niña con pene, es cierto. Ni la primera ni la última. Pero una niña.

“Ni neska naiz”. Juraríamos que esa fue la primera frase con sujeto, verbo y predicado que construyó ella. Una frase que no ha dejado de pronunciar un solo día desde entonces, y habrán pasado ya unos tres años… o más. En todo este tiempo, y tras superar las lógicas dudas iniciales, siempre hemos visto y querido a Iker como una niña, pero hemos respetado sus ritmos y sus tiempos. Si a los mayores en ocasiones nos cuesta tanto decidir qué zapatos ponernos o dónde ir de vacaciones, cómo no le va a costar a una niña de cuatro o cinco años decir a todas las personas que conoce que están equivocadas, que ella no es un niño sino una niña, y que si tiene pitilín es porque hay otras muchas niñas que también lo tienen, del mismo modo que hay niños que tienen vulva, y que a partir de ahora quiere que le llamemos por su verdadero nombre, que es Janire, y no por el que por error le asignaron su aita y su ama…

Janire ha marcado los tiempos. Sus tiempos. Ella ha decidido qué hacer en cada momento. Nosotros nos hemos limitado a acompañarle, a arroparle, a comprenderle, a quererle y a hacerle sentirse acompañada, arropada, comprendida y querida. Al principio, Janire solo se manifestaba como chica cuando se sentía protegida, en espacios de confort (nuestra casa, la casa de aitite y amama, el baserri de amama, donde izeko y osaba o de vacaciones, donde nadie sabía si era Kepa, Janire, niño, niña, de Zornotza o de Sebastopol…). El siguiente paso le llevó a vestirse como lo que se siente y como lo que es, una niña, en aquellas ocasiones en que ella, observadora, había detectado que la gente se vestía de forma… especial. Seguramente, muchos y muchas de vosotras habréis visto a Kepa vestido de neskatila en el mercado de Santo Tomás o en las fiestas del Carmen: “Si ellos se visten como quieren, ¿por qué no voy a hacerlo yo?”. Pura y demoledora lógica infantil. Si nos hubiésemos encontrado este agosto, habríais visto a Iker con un bikini naranja, un vestido blanco o una falda rosa. Lo que queremos explicaros con estos ejemplos es que Iker pasaba automáticamente a ser Janire en el preciso instante en que se sentía a salvo del ‘qué dirán’, en cuanto se sentía acompañada por las personas que ya conocíamos su ‘secreto’: “Ni neska naiz”.

El último y definitivo paso lo ha dado Janire esta Semana Santa. Estando de vacaciones y, por tanto, sintiéndose más segura y protegida, nos pidió que dejáramos de llamarle Iker: quería que le llamáramos Janire. Pero, en un principio, solo los de casa. En la Ikastola y en la calle, un poco más tarde. Sin prisa. “Oraindik ez nago prest” o “Pentsatuko dot”, nos decía. En el mes escaso que ha transcurrido desde entonces, hemos recabado la información y las opiniones que necesitábamos para afrontar de la mejor manera esta nueva situación. Hemos escuchado a profesionales, expertos y miembros de las asociaciones que trabajan en este ámbito. Y hemos contactado, lógicamente, con la andereño de Janire, con la dirección y con las responsables pedagógicas de Zornotzako Andra Mari Ikastola, de quienes hemos recibido un trato exquisito en lo profesional e impagable en lo humano. ¡Nos equivocamos al asignarle el sexo, pero no nos equivocamos al elegir la Ikastola! Y Janire, ahora sí, está ya preparada para ser Janire también en la Ikastola. De hecho, tenía previsto anunciarlo a sus compañeros y compañeras este viernes, pero tenía tantas ganas que se lo ha contado este miércoles… ¡y es la persona más feliz del mundo!

La de Janire es la primera situación de este tipo que se vive en Zornotzako Andra Mari Ikastola en sus 51 años de vida. También es el primer reto de este tipo que afrontamos como aita y ama. ¡Así que todos primerizos! De la mano de la Ikastola nos disponemos a recorrer este camino tan desconocido pero tan ilusionante que nos ha indicado la vida. Un camino que, como aitas y amas que sois de la gela de Janire, os invitamos a que recorráis de nuestra mano, de la mano de vuestros hijos e hijas, de la mano de Olaia, de la mano de Andra Mari Ikastola.

Por eso os escribimos. Para comunicaros que desde este viernes, 4 de mayo, Janire va a dejar de ser Janire solo en casa: también va a ser Janire en la Ikastola, en la plaza, en el parque, en el cine, en Urritxe y en Larrea, en Santo Tomás y en las fiestas del Carmen, pero también en Haizetara, y en Santa Ageda, y en Carnavales, y los lunes de otoño que llueva, y los jueves de invierno que nieve… No estamos en posición de exigiros nada, y menos aún en aquello que incumba a la educación de vuestros hijos e hijas. Tampoco os pedimos comprensión, aunque mentiríamos si dijéramos que no la agradeceríamos. Sí nos atrevemos a animaros a que respetéis la decisión que Janire ha adoptado libre y felizmente y a que, a partir de ahora, le llaméis por su nombre, Janire, y le tratéis como lo que es y lo que quiere ser, una persona normal y feliz.

Eskerrik asko bihotz-bihotzez!!!

Aita y Ama

P.D. No pasa nada si, sobre todo al principio, le llamáis Iker y no Janire. Si supierais el lío que tenemos en casa con los nombres… ¡De traca! Un mes después, calculamos que nosotros todavía le llamamos una vez Iker por cada tres veces que le llamamos Janire (esta carta es un buen ejemplo: menudo nahaste). Eso sí, os garantizamos que la práctica ayuda: cuantas más veces dices Janire, más quieres a Janire. Pruébalo y verás.”